A la distancia, observo al escultor Salinas "atacar" el trozo de madera, el cual hará suyo en la medida que el dialogo, entre el y el trozo de materia, sea bueno, inteligente. Define con claridad, los trozos generales, definitorios de la forma buscada.
- Hablar de un escultor, es referirse a un artista; una escultura es, principalmente, una expresión de arte y es, naturalmente, un artista quien pueda realizarla. Salinas es poseedor de la condición indispensable: la intuición para "comprender" el todo organizado para alcanzar el sentido, vale decir, el significado trascendente, o bien, el campo del conocimiento en que se insertara la obra.
El, el escultor Salinas, va desde lo complejo a lo aparentemente simple en el encuadre formal en su búsqueda del Eterno Femenino. Se desplaza entre formas antropomórficas y estilizaciones abstractos de las mismas, logrando así su numen poético. Encuentro y desencuentros de la estructura de la forma humana para el logro de expresiones hieráticas cercanas a lo totémico. Rompe los esquemas en un afan volitivo de identidad. En el formato mayor, su objetivo se distancia al despejar las formas de adjetivaciones sentimentales.
                       
               
           
             
         
                                     
                  En formas de tamaño menor sube hacia las superficies táctiles plenas de sensualidad logradas con un acabado pulimento. Existen fuerzas de su factura cuya significación solo se recibe mediante un ardoroso recorrido de ambas manos, luego viene lo visual para confirmarla.
Trozos de formas humanas, desprendidos de su contexto, alcanzan misteriosas revelaciones a través de posturas conseguidas mediante el manejo hábil, inteligente del espacio.
Por ser Salinas un escultor que busca superficies extremadamente pulidos, es necesario ver en este acabado una búsqueda de luz como elemento distorsionador de la forma. Cuando ella cae, la luz, sobre un objeto sobrepulido, descompone creando una suerte de poetica ambiguedad; además, el objeto se desrealiza adentrándose en el ámbito de lo inasible. La luz disuelve los objetos al eliminar sus contornos y logra llevarlos a cierta inquietante ingravidez. El escultor Salinas logra, con su pulido, desmaterializar la materia. Esto en los formatos menores. En sus grandes formas expresivas glorifica la potencia con la exaltación de un panteísta.
Me he referido solamente a sus maderas, por cuanto es en ellas donde he podido encontrar de estas cosas que se han connotado y, además, de actualizar lejanos mundos donde las expresiones artísticas eran plegarias visibles dedicados a los oscuros dioses invisibles.
 
 
                   
           
     
       
   
   
               
                           
La Techne es la comprensión de como es posible construir, en un orden necesario e inteligente, una forma sostenible; y la habilidad para ejecutarla es solo el oficio, la artesanía.
Salinas posee ambas facultades, lo que hace posibles que sus pares pueden llamarlo escultor. Para llamarlo artista es necesaria poder adentrarse en el mundo de la misteriosa poesía, y manifiesta sacralidad que se nos propone en el lenguaje personal y múltiple de la obra del escultor Salinas.
Últimamente he podido ver, en el taller piezas en altura, trabajadas con tal maestría que, a pesar de su escaso diámetro, hallanse enriquecidas por delicadas y sensuales insinuaciones, que una vez más requieren del tacto para encontrar cuerpo de mujer. Estas piezas cual agujas góticas, se elevan solemnes apuntando al cielo que, al parecer, hemos perdido, o bien, que debemos conquistar de otra manera. El escultor Salinas a logrado el ensamble simbólico de ambas situaciones. Así, he podido constatar de los mensajes ocultos en las obras de artes concebidas antes de la Palabra.

                           
                 
           
               
                     
             
Escultor Roberto Polhammer
Presidente Sociedad de Escultores de Chile